mardi, mars 06, 2007

El científico VI.

=)

El gran día llegó. El pasado una vez más se volvería presente.


Dejando sus libros atrás, llegó puntual a la cita. Una mesa para dos, pidió al capitán. ¿Ventana o pasillo? - Ventana por favor.

Ordenó un café americano mientras la esperaba.

Mientras tanto ella sentía una especie de tristeza, se sentía rara, sabía por qué y la razón, pero no quería hacerle mucho caso, al final todo habitaba en su imaginación.

El pasado cruzó la puerta y parecía que el científico podía oler su perfume a kilómetros, miró hacia la puerta y en efecto, a cada segundo se presentaba más que nunca...

Con sweter blanco de cuello de tortuga se acercó a saludarlo:

- ¡Hola!

- Hola, respondió con un poco de tartamudeo.

- ¿Cómo has estado?

- Bien, bien gracias, ¿tú?

- Te parece si nos sentamos y platicamos, ¡claro! perdón, ¿qué quieres tomar?

- Chocolate caliente, afuera el frío está en su apogeo.



Ordenó el chocolate caliente y no podía evitar dejar de verla, al mismo tiempo se preguntaba ¿por qué me buscas?; comenzaron a platicar. El científico le contaba acerca de su nuevo proyecto, pero parecía que eso no le importaba a su acompañante, a diferencia de ella que siempre lo escuchaba con grata atención.

- Sabes, ahora que estuve ausente del país, conocí a una persona.

- Sí, me platicaste de él.

- Lo extraño, me gustaría regresarme y estar con él.

- ¿Por qué no lo haces?

- No lo sé, pero me gustaría estar toda la vida con él...



El científico se quedó pensando por un momento y le hizo una pregunta.

- ¿Por qué no estamos juntos?

- Tú sabes bien la razón, así que no hay respuesta.

- Sí la hay, quiero escucharla.

- Sabes que solamente te considero un amigo, nada más, lo nuestro ya pasó. Ahora me preocupa él, está lejos y no puedo estar a su lado.


Esa respuesta le aclararon muchas de sus dudas al científico. una vez más el pasado regresaba al presente para ser consolado con un poco de calor, un calor frío si el científico se lo pidiera, pero él no podía ofrecerle la frialdad que tal vez se merecía. Todos sus sentidos se centraban en el pasado que no se concretó y que lo atormentaba cada noche.

Ese pasado que llegaba de nuevo para buscar un poco de calor, de su calor. Una calidez que esperaba ser recompensada de distinta manera y no como un jarabe para curar la ausencia de un tercero o el curita de una ausencia.

Ella, desde su casa terminaba unos pendientes así que la computadora y el reproductor de música trabajarían una jornada larga esa noche. Un sonido extraño emanó de su computadora, era el aviso de que su querido científico llegaba a casa.

- Agh!, produjo su garganta.

Tenía muchas ganas de saludarlo, pero algo impedía establecer un contacto con él, no le gustaba ver que estaba disponible para platicar y empezar una charla, no quería parecer encimosa o que lo vigilaba, por eso prefería esperar a que él iniciara cualquier tipo de comunicación.

Se levantó por un vaso con agua, regresó a la silla y tenía un mensaje pendiente: - ¡Hola! el científico la saludaba.

El agua del vaso se movía como si un temblor agitara una pozo, su mano temblaba, quería decir todo y al mismo tiempo guardar silencio. La tarde había recapacitado las cosas y se dió cuenta del error.

¿Cómo enmendar ese error?

¿Cómo alejarse sin perderlo?

¿Cómo?


De la serie:

El científico I.
El científico II.
El científico III.
El científico IV.
El científico V.

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