dimanche, février 18, 2007

El científico II.

=)


Al escuchar la voz, se volvió a sentar sin quitar la mirada del retrato.

- Estoy tratando de redactar lo que será mi siguiente hipótesis.

- Entiendo, entonces creo que te hablé en un mal momento.


Algo frío comenzaba a correr por el cuerpo del científico, - No, nunca me quitas el tiempo, lo sabes. ¿Qué pasó?

- En especial nada, simplemente quise saludarte, saber cómo has estado. Es todo.

Dió otro sorbo a su café, respiró profundamente y respondió:

- Agradezco entonces tu llamada, cómo has estado tú.

- Bien, extrañando todo lo que se quedó en la escuela de verano.

- Sí, debe ser difícil separarte de lo que quieres.

- Bueno, simplemente quise saludarte, sé que estás ocupado, ¿puedo llamarte otro día?

- Puedes llamarme cuándo gustes.




Colgó el teléfono, la taza del café ya iba a la mitad, así que se acercó de nuevo a la cafetera para llenarla. Tomo una cuchara y empezó a mover el contenido de la taza, no había nada que disolver, pero necesitaba tranquilizar su estado nervioso.

¿Por qué? ¿Por qué? ¡Dime por qué!, dijo para sí.

Volvió al escritorio, se sentó, respiró profundamente y siguió trabajando en sus ideas.

La foto ahí seguía, el recuerdo, el sentimiento.

- ¡Agh!

La concentración dificilmente regresaba. Se levantó y caminó hacia la ventana.

En las afueras, la gente caminaba apresuradamente, los semáforos cambiaban de luz, el cielo parecía escondido, se había nublado.

Mientras se distraía con el paisaje, el teléfono sonó de nuevo.

De una tercia de pasos llegó hasta él y dijo:

- ¿Qué pasó? ¿Estás bien?

- Hola, sí, estoy bien.

- Perdón, eres tú.

- Sí, si te molesta mi llamada o estás muy ocupado puedo hacerlo después.

- No, no, está bien. Te confundí, lo siento.

- Ok...


Comenzaron a platicar, ella quedó un poco intrigada con las palabras: "te confundí... lo siento...".

Ella no sabía que pensar, pero su corazón le decía muchas cosas y prendía la alerta que toda mujer trae al nacer.

Quería dejar que su cabeza gobernara ese momento, pero el corazón insistía en sentir.

- ¿Te veré en la tarde? le dijo al científico, - Sí, como habíamos quedado.

Después de una charla más corta de lo habitual, colgaron y ella dejó que su corazón siguiera latiendo, aunque su cabeza le indicaba pensar en otra cosa.


Él retomó su escrito, necesitaba concentrarse, era el primer paso para un gran proyecto, el que definiría el futuro de los siguientes 5 años. Así que no podía darse el lujo de distraerse por cosas sentimentales, necesitaba concentrarse.

Pero le resultaba difícil, su pasado estaba regresando.

Continuará...


*** Continuación de la parte uno

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